Archivos en la Categoría: Sensei

Se me va la olla. No me presento donde había quedado. Me levanto a la hora que me da la gana. Me visto. Compruebo que mis bambas rotas han sido sustituídas por otras nuevas. Me alegro pero pienso en quien debe haber sido: mi madre, seguramente. Voy a mi rollo. Me importa un bledo lo que piensen los demás. Por culpa de eso me convierto en alguien muy peligroso. Estoy herido y el mundo lo va a pagar. Una chica gordita se me acerca. Creo que me falla la memoria porque no me acuerdo de quién es. La ignoro. Se sorprende y se entristece. Sensei aparece recién duchado y afeitado y no da crédito, mi corportamiento le escandaliza y me llama la atención pero yo ni caso. Paso a buscar al I-Ching, que ha tenido un accidente y va con muletas pero se parte de risa. Así me gusta. Estamos heridos pero nos reímos de todo. Tomo asiento al final de la clase, de qué clase no importa.

Miro a Sensei a mi lado y le pregunto:

- Ese tío desafina, ¿no?

Y él me contesta:

- A mí no me lo parece

- ¿No lo notas?

- No, para nada.

A él le gusta, parece el videoclip de The Knife.

Estoy pasando una temporada con Sensei en nuestro piso de protección oficial en Francia. Por la mañana me levanto y me siento ante el piano de cola que hay en el rellano. Toco la Gnosienne número 2 de Satie. Trabajo la mano derecha, buscando a ver qué encuentro en la primera frase. No sé si encuentro algo o me he encallado como un autista pero el caso es que no puedo parar de repetir una y otra vez la frase.

Detrás de mí se abre una puerta. Una de mis vecinas asoma la cabeza. Se ve que está recién levantada. La he despertado yo. No le hace mucha gracia pero es una chica simpática y comprende. Hablamos (en francés) sobre el estado de la sanidad pública, lo que son las cosas.

Aparece Sensei, duchado, afeitado y vestido para matar, esto es, tipo Marlon Brando en Un tranvía llamado deseo. Aprovecha la elevación de un parterre del rellano para colocarse en esa posicion suya tan característica, apoyado sobre sus antebrazos. Ha captado nuestra atención y lo sabe muy bien. Ahora nos suelta su frase: A ver, señores, este es el juego, mientras sostiene una Moritz entre sus piernas.

Mi vecina me pregunta si soy gay. Me río. Nada de eso. Sensei sí que toca ese palo. ¿Es gay? Hombre, tiene novia pero también tene un pasado. Y la gente no cambia, ¿no?

De pronto, Sensei se tira contra la pared, nos mira, a El Cuerpo y a mí, y nos dice que se va a correr ahora mismo porque está super excitado. Se saca la polla y se la casca ante nosotros y, antes de que nos dé tiempo a reaccionar, se corre y su semen le mancha el jersey porque casi le llega hasta su cara. Yo meneo la cabeza y le digo a El Cuerpo que Sensei está loco perdido y que no sabe ya cómo llamar la atención. Venga, Sensei, recomponte y vámonos. Y salimos por la puerta de entrada del edificio donde viven Los Creadores.

La Puta me llama por el patio de luces del piso de Los Creadores. Yo estoy en el lavadero. Me dice que vaya a una fiesta en otro piso. Voy. Hay mucha gente, entre ellos Sensei. Estoy tirado por el suelo, en unos cojines, con Sensei al lado, rodeado de gente que me escucha y voy y explico alguna intimidad de La Puta que sé por Sensei. Sensei me mira flipando y me reprende aunque sólo sea con la mirada. ¿Cómo puedo estar explicando eso? Le digo que no pasa nada pero sé que no es cierto. Soy gilipollas.

En La Celda hay una reunión multitudinaria. Mucha gente sentada a la mesa: Nieves, Patrizia, Sensei … Pero también por el resto de La Celda. Dos se ponen a bailar. Hay follón, cervezas, aperitivos. Se me va de las manos. Parecemos una reunión gitana flamenca. Mi Heroína está a punto de llegar y no sé si le va a gustar mucho encontrarse con todo este jaleo. Me preocupo.

El Sensei y yo compartimos una casa en la costa, con patio y árboles y vistas al mar. Uma pasa por ahí y se queda. También aparece un amigo suyo, sudamericano o marroquí. Le doy un beso a Uma. Sólo somos amigos. Va viniendo más gente: una chica jovencita, con falda blanca, que se columpia, una mujer mayor con su marido, varios familiares. El Sensei descubre que nos han robado. Creemos que es el amigo de Uma. Ella se hace la sueca. ¿Cómo ha llegado toda esta gente hasta nuestra casa? ¡Que se vayan todos!