Archivos en la Categoría: Birkin

Últimos minutos de la vida de la madre de La Creadora. Estirada en la cama, agonizando. A su lado La Creadora, El Creador, Birkin. Del otro lado de la cama, contemplo la escena.

La madre de La Creadora muere.

La familia no llora. Simplemente se acabó. El Creador habla de ir a buscar el coche. La Creadora de preparar el entierro. Rodeo la cama y le doy un gran abrazo a La Creadora. Eso es lo primero.

Estoy hecho polvo, tirado en la cama. Dos chicas se ocupan de mí. Pero una se va, se tiene que ir y no creo que vuelva. Y la otra ya no está conmigo realmente. Así que me he quedado solo pero sigo viendo sus caras flotando cerca de la mía.

Me levanto para ir a la iglesia a un funeral. Pero no debe verme nadie, ni la organista. Si me ven no tendré más remedio que salir corriendo.

Vamos a casa de El Padrino y Birkin. Richarte y yo ponemos una peli porno en la tele y nos tiramos en la alfombra para verla cómodamente. Me parece que la peli está fuera de contexto pero eso no quita para que la veamos con total naturalidad, con toda la familia.

Me despierto con una sonata de Beethoven en la radio. ¡Qué curioso! Hace mucho tiempo que cambié a Radio 3. Quizá me despierte en el pasado.

Paso el día con mi familia y Birkin en una casa de veraneo. Pero no es verano, es más bien primavera. La casa es blanca, tiene una terraza superior, como un terrado inmenso, en el que pasamos la tarde con unas conocidas de Birkin que son unas antipáticas. Una me toma por un camarero. “Niño, tráeme un vaso de agua”. Yo la miro como si no hubiese escuchado bien. ¿De qué va esta tía? Al final se levanta ella misma a buscarlo.

A la casa se accede por abajo. Como si fuese un barco y nosotros pasásemos el día en la cubierta. Me da por ir abajo y veo con pavor que se ha inundado. Cae agua del techo, que se está deshaciendo como si hubiesen estalactitas. Salgo corriendo a buscar al Creador para avisarle pero por mucho que grito no lo encuentro. Tomo el mando, entonces. Me acerco a Birkin y le explico lo que pasa. Ella continúa tan tranquila y yo flipo. Me reprocha cariñosamente que aún no haya conseguido aprender a mantener la calma en situaciones extremas como ésta. Ya no soy un crío. Bueno, vale, pero llamo a la Creadora, para que se ponga a salvo y también a las pesadas de las amigas. Se arma revuelo y unos pocos bajamos a comprobar el estado del piso de abajo. ¿Cómo ha podido suceder?

Entonces llega un paquete para la casa. El Creador, que finalmente ha aparecido, lo abre y ante nosotros aparece un niño que comienza a correr o, más bien, chapotear por el interior del piso. Tengo que entrar para calmarlo y pararlo, aunque él se resiste y me da patadas y puñetazos. Es un bicho. Tiene un ojo blanco, ensangrentado, y le falta media dentadura. A mí no me inspira más que lástima. Lo abrazo y me emociono. Él se da cuenta de que no me inspira más que amor y se sorprende, lo cual es el principio de un cambio de actitud.

¡Qué raro todo esto!

Comida familiar con la presencia invitada de La Puta. La Puta me muestra una carta que me envió hace tiempo y que yo no recordaba. La carta es un cómic, casi una fotonovela, en la que aparecemos ella y yo como protagonistas. ¿Cómo puede ser que no recuerde algo tan chulo?

El Padrino me recuerda lo que vale cada uno de los regalos que están sobre la mesa.

El Creador me hace sentir culpable cuando me explica que unos excompañeros míos del colegio no le han pagado los últimos meses de alquiler de un piso propiedad suya del cual ignoraba la existencia. Le contesto y se caldea el ambiente.

Birkin no dice nada pero me sigue a la cocina. Cojo una botella de agua abierta y me sirvo. La pruebo y me sabe mal, como si llevase mucho tiempo ahí.

Voy en el coche con La Creadora, Mi Protegida y un montón de gente más que me aburren soberanamente. Pero me lo tomo con calma. Hasta que me doy cuenta de que he perdido la chinilla de costo que llevaba en el bolsillo. Entonces me pongo muy nervioso y decido que me voy. A La Creadora no le sienta muy bien.

Me voy a casa de Birkin, que está con los niños. Me entretengo leyendo un libro hasta que creo que debe ser tardísimo (no tengo un reloj a mano) y Birkin no me ha dicho nada. La busco, le digo que me voy a casa e insiste en acompañarme en coche. Es estúpido porque en coche tardaremos más que si cogiese el metro. Pero ya estamos dentro.

Birkin es mi novia. Me sorprende bastante. No confío demasiado en que nuestra relación dure. Una noche conoce a Elisenda Secretaria y, por la mañana, decide ir a visitarla a la oficina de Terrassa. Dice que si va a a estar conmigo mejor conocerla lo antes posible.

Subo por las escaleras de La Celda y en el rellano del piso de abajo me encuentro con una chica acurrucada contra la puerta. Le pregunto si puedo ayudarla en algo y me dice que necesita hablar con Viernes 13, que es el criado que tiene la llave. Le digo que no le conozco pero que preguntaré a ver si puedo ayudarla.

Por las escaleras sube Marina Oliva y me dice, con desprecio, que esa chica es como yo: una perdida.