Hasta aquí hemos llegado. A partir de ahora me traslado a Teatron.
Hasta aquí hemos llegado. A partir de ahora me traslado a Teatron.
Peter al teléfono. Le escucho fatal, se corta cada dos por tres, su voz parece la de otra persona, imposible comunicarse. Subo al terrado y aparece Peter. Algo raro pasa. No era Peter quien estaba al teléfono.
Últimos minutos de la vida de la madre de La Creadora. Estirada en la cama, agonizando. A su lado La Creadora, El Creador, Birkin. Del otro lado de la cama, contemplo la escena.
La madre de La Creadora muere.
La familia no llora. Simplemente se acabó. El Creador habla de ir a buscar el coche. La Creadora de preparar el entierro. Rodeo la cama y le doy un gran abrazo a La Creadora. Eso es lo primero.
Me encuentro con un grupo de gente organizada que persigue algún objetivo que se me escapa. En La Santa, barrio del Cementerio Viejo. Flirteo con una de las activistas, alta, guapa y decidida. De noche algo pasa. No nos gusta nada. La activista y yo nos miramos. No necesitamos más para entendernos. Cada uno desaparece por su lado. Nos encontramos en el coche que tenemos aparcado en la calle Melchor. Y nos vamos. Pero no sé a dónde.
Es de noche. Estoy sentado en una terraza entre un actor conocido por un papel de subnormal y mi amiga. Los dos se quieren liar conmigo. Hay más gente con nostros, en la terraza, tomando algo. Si no sería aún más incómodo. De sopetón, el actor se gira hacia mí y me dice: dame un beso. Se lo doy, rápido y con vergüenza, esperando que nadie se haya dado cuenta, sobre todo mi amiga.
Se me va la olla. No me presento donde había quedado. Me levanto a la hora que me da la gana. Me visto. Compruebo que mis bambas rotas han sido sustituídas por otras nuevas. Me alegro pero pienso en quien debe haber sido: mi madre, seguramente. Voy a mi rollo. Me importa un bledo lo que piensen los demás. Por culpa de eso me convierto en alguien muy peligroso. Estoy herido y el mundo lo va a pagar. Una chica gordita se me acerca. Creo que me falla la memoria porque no me acuerdo de quién es. La ignoro. Se sorprende y se entristece. Sensei aparece recién duchado y afeitado y no da crédito, mi corportamiento le escandaliza y me llama la atención pero yo ni caso. Paso a buscar al I-Ching, que ha tenido un accidente y va con muletas pero se parte de risa. Así me gusta. Estamos heridos pero nos reímos de todo. Tomo asiento al final de la clase, de qué clase no importa.
De noche, veo una película en un cine al aire libre acompañado de una chica. El director es un debutante. En los títulos de crédito nombra las películas de Almodóvar a las cuales homenajea en algunas de sus escenas. Lo comento con la chica que me acompaña, a mi derecha. Ella se molesta un poco por señalarle algo que ella considera tan obvio. Me disculpo pero ese detalle es suficiente como para darme cuenta de que algo va mal. Son esas tonterías a las que hay que prestar atención porque aparecen por alguna razón, no salen de la nada. Y así siempre.
¿Qué hacemos en la misma mesa la madre y el padre de La Creadora, Los Creadores, Mi Protegida y La Viuda? La Viuda se comporta como si no hubiese pasado lo que pasó. Yo soy educado pero ¿puedo olvidar? No lo veo por mucho que ella nos lo esté pidiendo. De vez en cuando la madre de La Creadora se levanta, ríe y da unos pasos, cortos y rápidos, como una danza ritual, y nos habla: ¡Ay, qué querido! El padre de La Creadora también ríe pero no le escucho. No digo que no hable pero de lo que estoy seguro es de que no le escucho.
Excursión, fiesta en la playa. Mucha gente, algunos conocidos, otros no, menos mal. Predominio de chicas (menos mal) y El Niño. Un salto y, hop, vuelo suavemente hasta uno de los pinos enfrente de la playa. Hop, me lanzo al vacío y planeo hasta el agua, me zambullo con la ropa y todo, juego con las chicas y alehop, de nuevo vuelo hasta la pineda. Podría estar así todo el día.

Estoy hecho polvo, tirado en la cama. Dos chicas se ocupan de mí. Pero una se va, se tiene que ir y no creo que vuelva. Y la otra ya no está conmigo realmente. Así que me he quedado solo pero sigo viendo sus caras flotando cerca de la mía.
Me levanto para ir a la iglesia a un funeral. Pero no debe verme nadie, ni la organista. Si me ven no tendré más remedio que salir corriendo.
Vamos a casa de El Padrino y Birkin. Richarte y yo ponemos una peli porno en la tele y nos tiramos en la alfombra para verla cómodamente. Me parece que la peli está fuera de contexto pero eso no quita para que la veamos con total naturalidad, con toda la familia.